Y en nuestro cálido ambiente
tropical, no hay nada más emocionante que sentir el amor de patria, a través de
las notas de un bambuco, un pasillo, una cumbia, o un joropo. La expresión
musical folclórica nos transporta al campo, a su agricultura, al olor de la
tierra, al aire puro y saludable, a nuestro terruño, y nos evoca momentos
inolvidables.
La música también impulsa y
anima al campesino mientras toma tinto en la madrugada o desayuna, escucha su
música favorita, y se alista para el trabajo en la finca. Estas situaciones
cotidianas llevan a replantearnos la participación que le damos a la música en
nuestra vida, para encaminarnos hacia la armonía con nosotros mismos y con
nuestro entorno.

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